los cinco jinetes del Apocalipsis

“El año pasado no sólo enfrentamos una crisis en materia de salud y la superamos, sino que enfrentamos no cuatro, sino cinco jinetes del Apocalipsis el mismo año […] De los cinco problemas estamos saliendo con determinación.”
(Felipe Calderón, presidente de México, 3 de mayo de 2010)
Juan despertó con un terrible dolor de cabeza. Fue al baño y sacó de su botiquín una aspirina que se pasó con agua de la llave. Se miro al espejo y al hacerlo regresó a su mente lo que había soñado. Regresó esa gran voz como de trompeta que le hablaba. Regresó la orden de escribir en un libro lo que viera. Regresó la puerta abierta en el cielo. Regresó el trono. Regresó el ángel que preguntaba “¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos?”. Regresó el Cordero. Regresaron los ángeles con trompetas. Todo lo que había soñado regresó. Mojó su cara. Cerró la llave. Y se preparó para salir al trabajo y olvidarse de aquel sueño.

Pero las visiones no lo abandonaron… y cuando vio pasar frente a él –que se hallaba detenido en un semáforo rumbo a la oficina‑ un caballo blanco… cuyo jinete tenia un arco y una corona… el cual parecía haber salido de la nada venciendo y para vencer… y escucho en la radio que había caído la producción de petróleo ‑el dios negro que marca los ritmos de vida y muerte sobre la tierra‑ entendió que su sueño había sido la anunciación del Apocalipsis que se desataba en el mundo y que solo él podía detener para salvar a la humanidad.

En cuanto el semáforo cambio a verde… Juan arrancó… dio vuelta en “U” y regresó a su casa. Si tenia suerte… la puerta abierta en el cielo… por la cual la voz le había dicho que subiera… seguiría abierta y podría enfrentar al Cordero y evitar que siguiera desatando los sellos. Pensaba en ello mientras aceleraba a fondo… y pensaba también en que si la puerta se encontraba cerrada... seria testigo del fin de los tiempos.

Por fortuna… tal como lo había visto en su sueño… la puerta estaba abierta y fue capaz de subir al cielo. Ahí encontró un trono. En el trono uno sentado. Alrededor del trono un arcoiris y veinticuatro tronos. Sentados en los tronos veinticuatro ancianos. Delante del trono siete lámparas de fuego y cuatro seres vivientes llenos de ojos delante y detrás y con seis alas. En medio del trono y de los cuatro seres vivientes y en medio de los ancianos estaba en pie un Cordero ‑con siete cuernos y siete ojos‑ como inmolado.

El Cordero acababa de abrir el primer sello que dejó escapar al jinete del caballo blanco y provocado la caída en la producción del petróleo. Sin pensarlo Juan se lanzo sobre el Cordero aprovechando que tanto los seres vivientes como los ancianos estaban postrados delante del animal sagrado entonando un cántico en su honor. Su intención era impedir que siguiera desatando más sellos. Sin embargo… en un movimiento sorprendente… el Cordero desató el segundo sello y golpeó a Juan con sus patas traseras. Juan rodó hasta los pies de los seres vivientes –quienes al verlo atacar al Cordero adquirieron una posición defensiva‑ y entre aquel que era semejante a un león y el que tenia un rostro como de hombre… detuvieron a Juan y todos pudieron ver como del segundo sello salía un caballo rojo a cuyo jinete le fue dado poder de quitar de la tierra la paz… y que se mataran los unos a los otros con guerras contra el narcotráfico y se le dio una gran espada.

Juan intentó librarse de sus captores y se sacudió tan fuerte como le fue posible hasta que logro que el león lo soltara y pudo combatir con aquel que tenia cara como de hombre. Por desgracia… cuando se deshizo de ellos… el Cordero había desatado el tercer sello y para sorpresa de todos… de él no salió uno sino dos caballos negros cuyos jinetes tenían una balanza en la mano y la encomienda de desatar la crisis económica y la sequía.

El Cordero –tan consternado como todos al ver dos caballos negros en lugar de uno‑ se quedó pasmado… momento que Juan aprovechó para patearlo por la espalda y lanzarlo al suelo quebrando uno de sus cuernos. El animal se recuperó sin darle tiempo a Juan de un seguirlo golpeando y arremetió contra él con su osamenta dejándolo tirado en el piso aplastado por el ser viviente que parecía un águila. Por fortuna… el cuerno del Cordero que Juan había roto… quedó cerca de donde él se encontraba y le fue posible alcanzarlo ‑estirándose un poco‑ y clavarlo en el ojo del ser viviente que parecía un águila. Después de hacerlo se puso en pie y se aventó sobre el Cordero ‑quien ya abría el cuarto sello‑ clavándole su propio cuerno en el corazón.

El caos se apodero del cielo. Los veinticuatro ancianos corrieron despavoridos. Los tres seres vivientes que quedaban emprendieron el vuelo… y el Cordero… con su último aliento alcanzó a desatar el cuarto sello para que el caballo amarillo montado por la muerte saliera y esparciera la influenza sobre el mundo. Luego murió y todo pareció haber terminado.

Sin embargo… el agotamiento de la batalla hizo que Juan tropezara con el libro que había quedado tirado en el piso junto al Cordero muerto… y abriera de un solo golpe el quinto… el sexto… y el séptimo sello. Entonces bajaron las almas de los mártires… los desastres naturales azotaron la tierra… y aparecieron los ángeles encargados de sellar a los 114,000 hijos de Israel que habrían de salvarse… para dar paso después a los siete ángeles que con sus siete trompetas desatarían desastres sobre la tierra… desastres sobre el mar… desastres sobre las aguas… desastres sobre el cielo… y entonces sí ‑según recordaba Juan‑ el fin del mundo seria irreversible.

Juan bajó del cielo tan rápido como pudo y buscó al ángel que tenia el sello del Dios vivo y había ordenado a los demás ángeles no hacer daño sobre la tierra… ni al mar… ni a los árboles… hasta que se hubiese sellado en su frente a los siervos de Dios. Cuando lo encontró… después de hablar durante horas con él… logró sobornarlo para que no sólo sellara en la frente a los 114,000 sino a todos los seres humanos. De este ángel nadie volvió a saber nada… hay quienes rumoran que se integró al gabinete del presidente mexicano donde disfruta de goces inimaginables para un ángel… pero nadie ha podido comprobar o desmentir esta versión.

Selladas las frentes… cuando los siete ángeles que estaban en pie ante Dios se disponían a tocar sus siete trompetas… Dios se asomo para dar un último vistazo a la fallida tierra y al ver que nadie seria condenado… suspendió ‑intrigado pero sin alternativa‑ el Apocalipsis para tiempos mejores.

Una vez que confirmó que todo se había detenido… Juan se arrastró agotado hasta su casa y como pudo se metió a la cama. Mañana vería lo que quedaba del mundo… por lo pronto le parecía que había logrado salir del caos con determinación.

1 comentarios:

Rafael Vázquez dijo...

Magnífico relato, Felipe, empecé a leerlo y no pude parar, terminé la última línea de la historia y ésta aun no ha acabado.

Bortoni: me encantan, con mayúsculas, tus tweets, espero que no abandones esa cuenta, casi te lo ruego!

magnífico blog, enhorabuena a administrador y colaboradores.

Rafa

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